LAS RELIGIONES PROFÉTICAS (2ª parte)

 

                                                                    El origen del Yahvismo: MOISÉS.

Yahvé es el nombre de la divinidad que se manifestó un día a Moisés, en una zarza ardiendo, en la montaña sagrada, mientras apacentaba los ganados de su suegro Jetró, sacerdote de Medián. Según traducciones personales, este nombre significa «el Existente», en el sentido semita de ser y existir, o sea, actuar a favor de, estar con, dando ayuda a. No nos interesa ahora investigar si yahvé es la deidad volcánica del Sinaí, o el dios de la tribu de los quenitas. Lo que nos importa es la equivalencia que hace el mismo Dios en la teofanía: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob».

El «Dios de los padres» se revela con un contenido altamente ético: se siente indignado por la opresión y la injusticia, y lanza a Moisés, israelita de nombre egipcio, a la gran tarea de la liberación de su pueblo. El «Dios de sus padres» es el Dios de la justicia. No pide culto sino liberación. Y este Dios es el que se autodetermina con el nombre de Yahvé.

Es posible señalar una cierta continuidad entre el «Dios del padre» y el Dios que se revela a Moisés. El Yahvismo nace en un ambiente de pastores y se desarrolla en el desierto, y éste será en lo sucesivo el «ideal nómada de los profetas».

El monoteísmo yahvista primitivo.

El monoteísmo puro y estricto no surgió en Israel de repente, bajo la égida de Moisés. Hay que tener en cuenta la concepción de la religión de la época, como consta claramente en la misma Biblia. La religión entonces era local y familiar. Cada región tenía su religión y su dios propio, como lo muestran muchos textos bíblicos (Jue. 11,24; 1Sam. 26,19; Jer. 16,3; 2Re. 5,17-18; Rut. 1,16). En los grupos nómadas, cada tribu se vinculaba al «dios del padre». El que viajaba a otra región tenía que dar culto al dios de esa región. Quienes se integraban en otra tribu debían de venerar al dios de esa tribu. Todo esto a los israelitas les parecía lo más normal. El estricto monoteísmo todavía no había llegado, como tampoco la intolerancia consiguiente. Existía entonces un «monolatrismo» de cada región o tribu, pero aceptando la existencia de otros dioses para otras regiones u otras tribus.

La revelación de Dios a Moisés, se presenta con pretensión de exclusividad. Pero la misma afirmación: «No habrá para ti otros dioses delante de mí», deja abierta la posibilidad de otros dioses para otras gentes, pero no para él.

Sin embargo, en el momento de la entrada en la tierra de Canaán, se hace necesario que este Dios comience a ser único, no sólo ya para Moisés, sino para todos sus correligionarios. La crisis de fe yahvista que entonces se abre, sólo concluirá positivamente en un monoteísmo general, puro, sistemático y absoluto después de mucho tiempo y de muchas pruebas, durante el destierro de babilonia, tras una larga y dramática actividad de los profetas.

La religión bajo los jueces. 1200 a.C. – 1020 a.C.

La entrada gradual de los israelitas en Canaán se caracterizó por una confrontación inicial sumamente ruda. Según el relator, Yahvé intervenía directamente en las batallas: Yahvé le exigió a Josué: «No le tengas miedo, que yo te los entrego; ni uno de ellos podrá resistirte» (Jos. 10.8). En efecto, Yahvé lanzó desde el cielo un pedrisco fuerte que mató por millares a los enemigos de los israelitas (Jos. 10.11). Después de la victoria contra Llavín, rey de Canaán, la profetisa Débora y Barac cantaron y celebraron el furor divino (Jue. 5.4). Yahvé es celebrado como el más fuerte frente a los dioses de los cananeos. La guerra se hace en su nombre; es una guerra santa. Por eso, el botín queda prohibido, debe ser destruido por completo, ofrecido en holocausto a Yahvé. Hasta la ley de la hospitalidad, casi sagrada entre los nómadas, es violada traidoramente por Yael, que invita a su tienda al jefe cananeo Sísaro, derrotado y en fuga, y le da muerte cruel, mientras dormía (Jue. 4.17).

Después de esta terrible confrontación, los israelitas lograron asentarse en la tierra de Canaán. A partir de ese momento, comenzó la tentación idolátrica. La cultura de los cananeos era muy superior a la de Israel. La influencia religiosa cananea se dejaba notar cada vez más. Los israelitas no pensaron jamás abandonar su propia religión, la de Yahvé, pero sentían fascinación por los dioses agrarios, los Baales, por sus santuarios y su culto. Por eso, en un primer estadio, el culto de Yahvé y el de los Baales fueron mantenidos separados y distintos, pero en un segundo estadio, fueron combinados. Veámoslo:

Poco conocemos sobre el primer estadio, no obstante podemos decir que Yahvé era el dios nacional para los casos de emergencia nacional. Los Baales, que tenían multitud de santuarios, mientras que Yahvé no tenía sino alguno que otro, proveían a las necesidades diarias de la agricultura. No debemos imaginar, como lo concibió el editor deutoronomista del libro de los Jueces, que el culto de Yahvé y el de los Baales eran mutuamente exclusivos. Más bien, los israelitas pasaban del uno al otro en periodos sucesivos (Jue. 2,7-19), según lo específico de cada uno.

En el segundo estadio, la amalgama de las dos religiones tuvo lugar de la siguiente forma: Yahvé absorbió a los Baales, pero adoptó íntegramente la forma cananea de culto, sin apenas cambio. Esto es lo que aparece en el DECÁLOGO RITUAL (Ex. 34,10-27) que era un decálogo cananeo, cultual, de fiesta y sacrificios, distinto del anterior DECÁLOGO ÉTICO, el de Yahvé del Sinaí (Ex. 20, 1-10), que tendía a regular, no los ritos, sino las relaciones de justicia y la convivencia fraternal entre los hombres. La fusión sincretista de los Baales en Yahvé aparece en varios hechos:

1.   Muchos nombres propios de israelitas famosos combinan las dos actividades: a Gedeón, el juez, de indudable fe yahvista, se le da el nombre de «Yerubaal», o sea, «Baal combate» (Jue. 6,32); otro se llama «Maribaal», o sea, «Yahvé es Señor». Y así sucesivamente encontramos nombres como Ishbaal, Baaliah...

2.   Yahvé fue considerado como dador de la lluvia, tan necesaria para la agricultura, atributo específico de los Baales.

3.   Yahvé llegó a ser el Dios del país de Canaán, denominación normal de los baales (1Sa. 6,9; Os. 9,3).

4.   Yahvé se adueñó de los sitios altos y de los santuarios de los Baales.

5.   Las formas de adoración utilizadas en el culto de los Baales pasaron al culto de yahvé.

En resumen, realizada la absorción de los Baales por Yahvé, éste, originariamente Dios de una montaña y de los israelitas, vino a ser el Dios de un país en el llano, a través de tres fases: Dios de una montaña, Dios de una nación, Dios de un país agrícola.

De esta forma Yahvé quedó Baalizado como resultado de todo este proceso. Yahvé se convirtió en un Dios más que pedía culto, ya no era el Dios de la justicia del Sinaí. Ahora ya encubre abusos, como en el caso de los danitas (Jue. 18-19), y se asemeja poco al Dios de la libertad que se reveló a Moisés. Así se comprende la fulminante reacción de los profetas frente a esta concepción popular de un Yahvé baalizado.

Próximo número: LAS RELIGIONES PROFÉTICAS. La religión de la época de los reyes y de los profetas.

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