A partir de lo que ya explicamos
en el artículo anterior, el tabaco se convierte en uno de los remedios médicos
más populares de la época. De un libro que fue escrito por fray Miguel Agustín,
en el año 1722, cuyo título es «El secreto de la yerba tan maravillosa
llamada tabaco o nicociana», sacamos los siguientes apuntes: «Poco tiempo
después el cocinero de dicho embajador se cortó todo el dedo pulgar de la
mano, y siendo socorrido por dicha yerba, fue curado dentro de seis días, y
desde entonces esta yerba comenzó a ser muy nombrada por toda la corte de
Lisboa. Algún tiempo después llegó un hombre viejo, que tenía una llaga
vieja de dos años en la pierna, que lo tenía muy afligido, y pidiéndole esta
yerba, se la aplicó de la manera que hemos dicho, quedando al cabo de doce días
curado; y publicada la cura, fue tenida en mejor estima, y muchos venían de
lejos a buscarla. Entre otros que vinieron fue una mujer, la cual tenía la
vista, y toda la cara cubierta de una corteza como una máscara, a la que se le
dio esta yerba y se le mostró cómo tenía que aplicarla; y al cabo de ocho días
curó totalmente. La señora de San German tenía una úlcera en el pecho, la
cual se le había convertido en cáncer, no habiendo hallado remedio alguno, le
fue aplicada la yerba, y consiguió su curación. Sabemos que esta yerba sana y
cura caneros, todas maneras de plagas, y llagas viejas, heridas, fuego pastoril,
fracturas, y rompeduras malignas, majando las hojas de esta yerba en un almirez,
estrujando el zumo, y aquello aplicado encima de las dichas enfermedades, guardándose
de comer cosa salada, agria, pimienta, y el vino muy templado. Sus hojas secadas
a la sombra y no al sol, viento ni fuego, después poniendo de ellas en un
braserillo de fuego, y tomando aquel sahumerio por la boca con un colador,
teniendo la cabeza cubierta, hace destilar, y salir por la boca grandes
cantidades de agua viscosa, y flemática, dejando el cuerpo limpio por buen
tiempo, y de esta manera con este sahumerio cura la hidropesía, principalmente
si no esta apoderada, y envejecida».
Como hemos podido comprobar, todo se mueve según los intereses económicos,
pues no puede ser que en aquella época el tabaco curase el cáncer y que ahora
lo produzca.