TABACO IV

Después de haber comprobado por los anteriores artículos, cómo el tabaco fue siendo introducido primero en las esferas más privilegiadas y luego, al ser abaratado, en todas las sociedades, venimos a desembocar en la época actual. Ahora, cuando las investigaciones médicas son bastante fiables, se nos alerta desde todas las organizaciones sanitarias que el tabaco es nocivo para la salud. Y el Gobierno, ese Gobierno que multa por no llevar el cinturón de seguridad, o por usar el teléfono móvil cuando vamos conduciendo, aduciendo para ello que los accidentes que se producen por no cumplir estas normas les cuesta a la Seguridad Social un montón de dinero, lo único que hace es exigirle a las industrias tabacaleras que anuncien en sus cajetillas que el tabaco es nocivo para la salud, como si los que enferman por fumar entraran en las residencias sanitaria o en los hospitales gratis.

            Grandes y espeluznantes carteles de prevención podemos ver escritos en las superficies de los paquetes de cigarrillos. Desde que «El tabaco mata», «Fumar acorta la vida», «El tabaco provoca impotencia» hasta «El tabaco produce cáncer» y «Fumar puede causar una muerte lenta y dolorosa», se pueden leer infinidad de variados mensajes que ponen la carne de gallina. Y con ello, queramos o no, tanto los fabricantes como el Gobierno se eximen de sus responsabilidades.

            Si alguien se pregunta por qué desde que apareció el tabaco hasta nuestros días todos los gobiernos del mundo han sido tan condescendientes con él, le ruego que lea el siguiente razonamiento:

«La historia francesa dice que una dama que ocupaba una posición muy destacada en la corte napoleónica, censuraba en presencia de Telleyrand el uso del tabaco, a la vez que invitó a éste a que empleara todos sus recursos para combatir ese pernicioso vicio. Fumar y aspirar rapé  —contestó el ministro— son, en efecto, vicios censurables, y estoy dispuesto, en la medida de lo posible, a hacerlos desaparecer. Sin embargo, antes de dar ese paso, le ruego me indique dos virtudes que hagan entrar en las arcas del tesoro, todos los años, ciento veinte millones de francos, que es lo que produce el tabaco al Estado».

 

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