Eudes de Sant Amand (1171-1179)

 

Nació en Lemosin[1], en la Ocitanía francesa. Pertenecía a una de las muchas familias nobles que en aquellos tiempos edificaban sus castillos y grandes mansiones en el predicho lugar aprovechando su escarpada orografía para estar bien protegidos.

         Se dice de él que desde muy pequeño juagaba a los soldados y le encantaban las armas. Tal vez por sentir esta especial inclinación hacia todo lo militar, se le conociese en sus círculos más allegados como «el caballero que había nacido con una espada en la mano».

         Parece ser que su juventud fue bastante difícil. Con su forma de actuar, frecuentando prostíbulos, tabernas y metiéndose conscientemente en pendencias y borracheras, lo único que logró fue partir de dolor el corazón de sus padres, quienes, por más que lo intentaron, ayudados por el obispo de la diócesis y aconsejándole cariñosamente ellos mismo, no lograron volverlo al redil.

Un día, recién cumplidos los diecisiete años, parece ser que se enamoró, o creyó enamorarse de la hija de un noble señor que era vecino y conocido de la familia.

         Los padres creyeron que tal vez el matrimonio podía cambiar la vida de su hijo de mal a mejor y dieron el consentimiento… Y, así fue. Eudes cambió como de la noche al día, pero, aunque ya no echaba de menos su vida pendenciera, donde se batía con la espada o se peleaba a puñetazo limpio, emulando así las ofensivas militares y creyéndose uno de ellos, comenzó a echar mucho de menos la vida militar.

Pero el milagro estaba muy cerca. Un día pasó por el lugar un grupo de frailes cistercienses al mando de su abad. Su nombre era Bernardo.

Después de la elocuente prédica que aquella noche dedicó el humilde abad a los habitantes del lugar, donde les habló de las muchas necesidades que estaban soportando en Jerusalén las tropas cristianas para detener los continuos ataques de los sarracenos, aprovechando, además, para hacer saber a cuantos le escuchaban que era Dios mismo quien les pedía que uniesen sus fuerzas a las de ultramar. Les habló también de un grupo de caballeros que esgrimiendo junto a la espada el escudo de la fe, estaban luchando por el cristianismo como verdaderos titanes.

Eudes quedó extasiado. Se había obrado el milagro.

Al día siguiente partió para Jerusalén e ingreso en la Orden del Templo. Pero antes de marchar, como ya hemos escrito otras veces, tuvo que pedir a su mujer el permiso marital para ingresar en la Orden.

Esta es la carta:

Section de lettres. Fichier ecclésiastique de la cathédrale de Notre Dane. Armoire, 12; Livre, 5; fólio, 19.

Yo Agnès, esposa de Eudes de Limousín, habiéndome pedido mi esposo la libertad que necesita para ingresar como caballero profeso en la Orden del Templo de Jerusalén, con ánimo de purgar sus pecados y salvar su alma, por la presente concedo la susodicha libertad, con el único deseo de que él pueda alcanzar la salvación eterna sin que yo sea un obstáculo para ello.

         Son testigos Adam, nuestro criado, y fray Alaric de Troyes, nuestro capellán.

Dado en Tours, siendo el mes de septiembre del año del Señor de 1150.  



[1] Limousin en francés.