Arnau
de Torroja (1179-1184)
Arnau
de Torroja era catalán. Provenía de una familia noble, ya que sus tres
hermanos varones tuvieron la oportunidad de estudiar. Él mismo terminó la
carrera de leyes, y uno de sus tres hermanos, llamado Guillermo, llegó a ser
arzobispo de Tarragona.
Antes de ser elegido maestre de la Orden, estuvo mucho tiempo ejerciendo
como templario en la Corona de Aragón, donde desempeñó los cargos de
caballero, visitador, preceptor, procurador y maestre.
Fue elegido Maestre General cuando le faltaba muy poco para cumplir los
59 años.
En los fragmentos de los dos documentos que hemos elegido para darlos a
conocer, vamos a encontrar pruebas de su estancia en el reino de Aragón, y de
algunos de los diferentes cargos que llegó a ostentar:
Archivo
del Gran Priorato de Cataluña. Cartulario de Gardeny. Fol. 14, doc. 14.
…Y yo el Rey hago esta donación en las manos de Arnau de Torroja, a la sazón procurador en las zonas de las provincias y de España de las pobres casas de Cristo… Año 1169.
Archivo
Histórico Nacional de Madrid. Sección Órdenes Militares – San Juan de
Jerusalén. Leg. 138, doc. 4.
Sea conocido de todos los hombres que yo Pedro, por la Gracia de Dios obispo de Zaragoza, por consejo y voluntad de los canónigos de San Salvador, de la sede de Zaragoza, de buen ánimo y espontánea voluntad damos y concedemos a Dios y a los freiles de la milicia del Templo de salomón, en la mano de Arnau de Torroja, a la sazón maestre, para que hagan la iglesia que ha de servir para el servicio de los hermanos, en un lugar que se llama La Zaida, donde nunca antes hubo iglesia porque cuando estuvo bajo el yugo de los sarracenos siempre estuvo yermo e incultivado…
En los tiempos en que gobernaba este Maestre General, los reyes y dirigentes de los países que formaban parte de la entonces llamada Europa Cristiana, necesitando tropas que pudiesen ser agregadas a las suyas propias para tener las fronteras de sus reinos protegidas y vigiladas, comenzaron a enviar a los de la Orden del Templo actas notariales de donaciones de grandes latifundios, pueblos y de ciudades enteras, acompañadas siempre de grandes cantidades monetarias, con el deseo de seducir a los templarios para que decidiesen sentar sus reales en el reino que los cortejaba.
Precisamente por este aluvión de donaciones que a la Casa General del Templo llegaban todos los días, fue por lo que el Maestre que estamos glosando, se diese cuenta de que estaban pasando de la más extrema pobreza a la riqueza más opulenta.
Él fue uno de los primeros en darse cuenta de que algo no andaba bien en su Casa. Aquel fenómeno que de pronto había surgido, era algo muy contrario a su espíritu evangélico, a su Regla y, ante todo, a su Constitución.
No se sabe si fue por el remordimiento que sentía, por descargar su conciencia o, por convencerse a sí mismo y convencer a los demás de que todo venía de Dios, y de que sin su voluntad y gobierno nada sucedía, que, según dicen, él mismo compuso una oración que rezaba todos los días. Es la siguiente:
¡Oh, Señor!
De ti vienen las riquezas y la honra.
Tú lo gobiernas todo.
La fuerza y el poder que
emana de nuestro ser,
de tu mano procede.
Y de tu mano viene también
la grandeza y el valor
que a todos nosotros concedes…