• Soy de Cáceres y aquí existió en tiempos de la reconquista...
  • ¿Existe Dios?...
  • Usted da como cierto en sus escritos el uso del DON como señal de respeto en la Edad Media...
  • ¿Cuál es la historia de los HIDALGOS?
  • ¿Cuál es la historia del Incienso?
  • Dos temas...
  • ISAAC NAVARES. Me acabo de leer tu excelente trabajo de recopilación sobre la Orden del Temple estimado Antonio. Me ha llamado la atención lo del Rey Lobo que desconocía, de entre otras muchas cosas que describes en el libro. Y como colofón el capítulo XIII. Mi enhorabuena y que sigas haciendo tan buenos libros en el futuro, y animarte a que hagas algún día un libro sobre el Temple en el Reino de Portugal. Me podrías decir si hay algún documento sobre Carta de Población del Temple de Alcalá de Xivert en los Archivos Nacionales, porque he estado mirando pero no encuentro nada digitalizado.

    Apreciado amigo Isaac, nuevamente contigo para decirte que si no escribo un libro sobre la historia de la Orden del Templo en el Reino de Portugal, no es porque carezca de documentación para intentarlo, sino porque en España carecería totalmente de interés. Si algún día una editorial portuguesa se pone en contacto conmigo para encargarme el susodicho trabajo, yo lo prepararé con muchos e interesantes detalles todavía inédito en aquel apacible e histórico país.
            Y ahora paso a proporcionarte esos datos que me pides y que tú mismo tendrías que buscar porque si eliges la forma cómoda de conseguirlos, te perderás la satisfacción y el contento que proporciona el trajinar de su búsqueda, y la ulterior alegría de su descubrimiento. Espero que si las referencias que hoy solicitas son para llevar a cabo algún trabajo literario, no dejes de mencionar —en nota al pie—, tus fuentes de abastecimiento.
            El primer documento de donación de la villa de Chivert a los templarios data del año 1169. En él, el rey don Alfonso II de Aragón hace donación a la Orden del Templo, en manos del comendador fratis Martín de Luna, de los pueblos y castillos de ECHIVERT y ORPESA (Chivert y Oropesa).
            Esta carta está fechada en Jaca, el día 4 de noviembre del año del Señor de 1169. Su referencia documental es la siguiente: Archivo de la Corona de Aragón. Privilegios Reales. Libro, 12; página 197.
            Posteriormente, y tal como nos dice el historiador valenciano don Carles Sarthou Carreres en su obra titulada: «Geografía del Reino de Valencia», edición de Alberto Martín, Barcelona. Año 1913, en la cual el afamado historiador no hace mención del primer documento que yo te doy a conocer, «Con la conquista cristiana del territorio, la Orden del Temple, organiza la bailía de Chivert con la concesión de la carta puebla a su población musulmana de Chivert en 1234, a los nuevos asentamientos cristianos de Alcalá (1251); Alcocebre (1261); Almedíjar y Castellnovo (1261). De entre ellas pronto destacará Alcalá, que se convertirá en cabeza de la encomienda...»

    VÍCTOR. Hola. Soy de Cáceres y aquí existió en tiempos de la reconquista una orden que se llamaba los frater de Cáceres, después se llamó los hermanos de la espada, después caballeros del señor Santiago, antecesores de la orden de Santiago. Me gustaría que me aclarase si eso es cierto.

    Amigo, Víctor, lo que te han dicho es cierto. Las tres órdenes, por el orden que tú las mencionas, existieron. Las tres, aunque haya gente que afirme que fueron distintas, fueron la misma orden. La primera fue fundada antes de las cruzadas con el nombre de Orden de los caballeros de Cáceres. Su misión era acompañar al rey don Sancho II en su guerra contra los moros; luego, cuando el papa Urbano II predica la primera cruzada, el día 27 de noviembre del año del Señor de 1095, los caballeros de la Orden de Cáceres, tuvieron que hacer más universal el nombre de la Orden, y fue entonces cuando le dieron el nombre de Caballeros de la Orden del Señor Don Santiago de la Espada. De ahí en adelante, y conforme fue pasando el tiempo, esta misma orden fue perdiendo lo de SEÑOR y ESPADA y se quedó con el de Orden de Santiago.  

    MATÍAS. ¿Existe Dios?

    Apreciado amigo Matías, Dios existe y no existe en la medida de que la persona crea en su existencia o en su inexistencia. Para nadie es un secreto que la mayoría de las religiones del mundo creen que Dios existe y, bajo ese concepto, la existencia de Dios es real y verdadera. Así como también es una realidad que hay otras personas, en cambio, que aseguran que Dios no existe. Para estas personas la inexistencia de Dios es innegable e indiscutible. La existencia de Dios no puede ser demostrada. Sin embargo, para saber a ciencia cierta si Dios existe o no, lo mejor es que cada persona se dirija hacía su propio interior, y se pregunte a sí misma si Dios existe o no existe. La respuesta que cada persona obtenga de sí misma, será la cierta. Si usted, después de preguntarse a sí mismo, llega a la conclusión de que Dios existe, no cabe duda que Dios existirá; si, por el contrario, llega a la conclusión de que no existe, Dios no existirá.
                    A usted le ocurre como a todo ser humano que llega a la edad adulta. Cuando somos niños comenzamos a discernir, a preguntar y  a volver a preguntar al entorno que nos rodeo. De momento parece que quedamos satisfechos con las respuestas que recibimos; pero, cuando llegamos a adultos, seguimos preguntando. Es entonces cuando tropezamos con la pregunta que excede siempre a cualquier respuesta que se pueda pensar: ¿quién soy?, ¿quién es el hombre? ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿de dónde procedo?
                    La ciencia nos dice que la historia del hombre antecede a otra mucho más larga: la historia de la vida. Esta historia se retrotrae a épocas inasequibles para nosotros, cuando en alguna parte de esta bola enfriada de tierra, aire y agua, se formó aquella combinación de carbono, que aún hoy constituye las células de toda materia viva.
                    Nuestro corazón busca certidumbre cabal, quiere amor verdadero, felicidad sin límites. Este deseo no se cumple realmente jamás. Sin embargo, vive en nosotros en todo lo que hacemos. Él determina por completo nuestra vida diaria. El más ligero minuto de nuestro diario quehacer está lleno de deseos incumplidos.
                    Nuestra bondad finita reclama la existencia de la infinita bondad. Nuestra impotencia reclama la omnipotencia. Nuestra humanidad reclama lo divino. Si el mundo entero, si nuestra vida entera no ha de ser un absurdo o, en el mejor de los casos, una pura broma, no podemos menos de confesar que existe lo infinito.
                    Toda persona es un misterio, incluso para sí misma. Nuestra propia experiencia nos dice que no podemos llegar a poseernos plenamente, a hacernos totalmente cargo de quiénes somos, por más esfuerzo de introspección que realicemos.
                    Con mayor razón nos resulta impenetrable el misterio de los demás. No podemos llegar al fondo del otro, ni siquiera por el camino de la afectividad y la inteligencia. La persona es algo infinitamente sencillo y complicado al mismo tiempo. La literatura de todos los tiempos ha abordado este misterio desde ángulos distintos. Las ciencias del hombre nos dan a conocer muchas cosas sobre el hombre, pero sin llegar a clarificar el misterio.
                    Por todo lo dicho, mi apreciado amigo, tendremos que decir, ya para terminar, que así como hay personas que creen en la existencia de Dios, y de otras que no lo creen, existen aquellas que habiendo nacido en un entorno familiar donde se le educó para que creyera y tuviese fe en Dios, dejan de pronto de creer en él. Muchas veces esto se produce por haber recibido una presentación falseada de Dios. Muchas formas de ateísmo son una comprensible reacción contra un falso concepto de Dios. La imagen falsa de Dios es debida a la desviada figura de Dios que aparece muchas veces a modo de actuar de los creyentes, tanto en su oración y liturgia, como en sus relaciones con los hombres. En estos casos, es muy importante ponernos en guardia para no hacer de Dios un ídolo, alguien que debe de estar subordinado al hombre y estar pendiente de sus caprichos, un Dios lejano que sólo aparece cuando lo necesitamos para que se haga cargo de nuestras deficiencias...
                    Como creo que después de leer este discurso, usted habrá quedado con la duda de si existe o no existe Dios, le recomiendo que busque en su interior, que se pregunte a sí  mismo. La respuesta, como siempre, no está en lo que nos puedan asegurar los demás, porque si el otro vive bajo la creencia de que Dios existe, le dirá que sí; y si vive en la creencia de que no existe, le dirá que no. La verdadera respuesta está dentro de su corazón.

    PEDRO. Usted da como cierto en sus escritos el uso generalizado del DON como señal de respeto en la Edad Media, cuando en realidad no era así. ¿Podría usted explicarme por qué?

    Apreciado amigo Pedro, referente a tu errónea creencia, te recomiendo que le eches un vistazo a los documentos que a continuación te doy a conocer; uno está fechado en el año 1305 y el otro en el año 1150. El primero es una carta del rey don Fernando, que fue conocido como «El Emplazado», nacido en Sevilla en el año 1285 y muerto en Jaén en el año 1312, hijo del rey Sancho IV. En ella podrás advertir que el «DON» al que tú te refieres, ya era usado como título de dignidad en el año en que hacemos transcurrir los acontecimientos de las obras escritas por mí que son motivo de tu imputación y que tú has leído. Y del segundo ya te doy todos los datos en la misma lectura.

     

    El documento dice: DON Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarbe y Señor de Molina, al Consejo y al Adelantado de Murcia y a los alcaldes de este mismo lugar que ahora son y serán de aquí en adelante, salud y gracia...
                       En documentos todavía más antiguos también podemos ver cómo son llamados de DON personas como por ejemplo hidalgos con este honor, caballeros de una orden, escribanos, etc. Este trozo del final de un documento que ha sido traducido del latín, que puedes encontrar en el Archivo de la Corona de Aragón. Documentos para el estudio de la reconquista del Valle del Ebro. Número: 398,  páginas 614-615, fechado en el año 1150, dice lo siguiente:

    «...Et de hoc supra scripto sunt testes, uisores et auditores: Don Michael de Nouallas, et don Gaston de Tena, et don Petro de Fraella. Ego Pere de Bernos scrpsi hanc kartam iussu predicti Lazari et hoc sig + num feci.

    Cuya tradución dice lo siguiente: Y de esto arriba dicho son testigos visores y auditores: Don Miguel de Novellas, y don Gastón de Tena, y don Pedro de Fraella. Yo Pere de Bernos he escrito este documento por mandato del antedicho Lázaro en el cual hizo este sig + no.

    JUAN ANTONIO. ¿Cuál es la historia de los HIDALGOS?

    Apreciado amigo Juan Antonio, Hidalgo en un principio era, en su definición «aquella persona que por su sangre pertenecía a una clase noble y distinguida».
              Su origen es el siguiente: Comencemos por la denominación de "Hijosdalgo" es decir "Hijos de algo", esto es, que sus ascendientes se hubieran distinguido por sus hechos o por su posición. Que hubieran tenido "algo". La etimología de la palabra está perfectamente clara.
              Primitivamente, en los reinos de Castilla y León, los hidalgos se conocieron con el nombre de "infanzones", voz que fue quedando en desuso, hasta que sólo quedó en Aragón. Pero unos y otros, los hidalgos castellanos y los infanzones aragoneses dependían directamente del rey.
              En Castilla existió una muy amplia legislación sobre los hidalgos, comenzando por el Fuero viejo, calificado como el "Código de los Hijosdalgo", y siguiendo con el Fuero Real, las leyes de Partidas, el Ordenamiento de Alcalá y la Novísima Recopilación.
              La hidalguía, según las Partidas, es "la nobleza que viene a los hombres por su linaje". En Castilla, la hidalguía, en contraste con las costumbres francesas, sólo se trasmitía por linaje de varón. Los hidalgos eran conocidos por diversas clases, siendo los más importantes aquellos de "solar reconocido", o de casa solariega", que pregonaba la nobleza e importancia de sus ascendientes.
              A los que tomaron parte en la Reconquista y alcanzaron la dignidad de hidalgos, se les denominaba "primarios" y "secundarios" a los que después se establecieron ya en tierras conquistadas.
              Entre los privilegios que el rey concedía a los hidalgos, el principal era el de "no pechar", esto es, lo que equivalía a no pagar tributos a la Corona. Esta fue la causa de que estas Chancillerías de la época se conserven multitud de pleitos entablados entre diversos personajes que se afanaban en poder demostrar su condición de hidalgos porque a veces era muchísimo más importante quedar exento de pagos y tributos, que demostrar que se era de estado noble.
              La nobleza y aún el ejercicio de modestísimos oficios, no derogaba la hidalguía. En muchos pueblos existieron hidalgos que eran labradores, zapateros, comerciantes y hasta "pobres de solemnidad". Y junto a ellos convivían otras personas que eran ricas, que poseían bienes y que, sin embargo, eran "pecheros" tenían que pagar los tributos "y todas sus haciendas no les bastaban para alcanzar la hidalguía".
              Los hidalgos del siglo XVII se dividían en tres grupos, claramente diferenciados entre sí:

  • Los terratenientes de modestos predios que vivían de su hacienda.

  • Los hijos de familias arruinadas, o los que alcanzaron la hidalguía por el número de hijos que hubieron de emplearse como labriegos o declararse pobres de solemnidad.

  • Aquellos que para huir de la miseria se enrolaban en el Ejército.

  • El pueblo español siempre se ha caracterizado por su ingenio. Ocurre que para alcanzar la dignidad de hidalgo, o lo que es igual, librarse de la pesada carga de los tributos, impuestos y pagos al Tesoro Real, existía un medio en el que nada tenía que ver la sangre y sí la bragueta, hasta el punto que, a aquellos que conseguían la ansiada dignidad, se les denominó así "hidalgos de bragueta".
              El procedimiento no podía ser más simple: consistía en demostrar ante las Reales Chancillerías encargadas de solventar los pleitos de nobleza y probanza de limpieza de sangre, que se habían tenido como hijos a siete varones seguidos naturalmente, en legítimo matrimonio. Los que se engendraban fuera de tan sagrado vínculo no se tenían en cuenta. Un hombre podía tener no un hijo, sino veinte con otra mujer que no fuera su esposa y para nada le valía si lo que pretendía era alcanzar la condición de hidalgo. Ahora bien, si podía demostrar palpablemente y sin la menor duda de que su mujer legítima había parido siete hijos varones y él era el padre, con eso bastaba para que se le extendiera la oportuna documentación que lo acreditaba como hidalgo. Y no importaba que el solicitante fuera humildísimo, que no tuviera ni un maravedí, que fuera pobre de solemnidad y aún mendigo o que fuera un total analfabeto, sus siete hijos varones lo convertían en hidalgo y con ello naturalmente, se le terminaban apuros y agobios para el pago de los onerosos tributos al Tesoro.
              Esto explica que en la España del Siglo XVIII, con nueve millones escasos de habitantes existieran nada menos que seiscientos mil hidalgos. O sea que aquel que no lo fuera a nadie podía culpar de no serlo. Bastaba con la procreación y tener a su esposa en los mejores años de su vida, en un embarazo casi perpetuo. Siete hijos y a otra cosa. Pero ¡ojo! tenían que ser varones, las hembras no contaban. Desde un punto de vista moderno, este hecho se puede enjuiciar como un premio a la natalidad. Algo semejante a los beneficios de que gozan las familias numerosas de nuestros días.
              Aquel que quería ser hidalgo lo único que tenía que hacer era "empreñar" (usando la terminología de la época) a su mujer siete veces y rogarle al Santo de su devoción que en las siete ocasiones los hijos venidos al mundo fueran varones, y si estos no era seguidos, y por medio se metía una hembra, la alegría podría traducirse en llanto y crujir de dientes. Quizás de ahí viene aquel refrán de "mala noche y encima parir hija".
              Como es natural, la nobleza de sangre, nunca estuvo muy de acuerdo con este tipo de concesión de hidalguía. Que el noble cuya dignidad le venía por los méritos guerreros hechos por sus antepasados y presumiera de su limpieza de sangre se cruzara en la calle de su pueblo con un porquerizo llevando una piara de cerdos que, por haber tenido siete hijos seguidos poseía la misma dignidad que él, debía ser cosa harta de soportar para el primero. La nobleza entendía que para alcanzar la concesión de hidalguía debía llegarse por otros cauces y siempre mantuvo una línea de conducta en la que, a pesar de cédulas de reconocimiento, en lo que a ella respecta no reconocía a los hidalgos procreadores a los que despectivamente se les denomina como "hidalgos de bragueta", y es que el número de estos llegó a ser excesivo, existiendo regiones como Cantabria donde proliferaron tanto que se llegó a decir que todos sus habitantes eran hidalgos. La nobleza sostenía que la medida era perjudicial para los intereses de la Corona puesto que con tantos "hidalgos de bragueta", se reducían los ingresos del Tesoro Real, al estar exentos de los tributos. Más como nada podía hacer para impedir que determinado individuo "empreñara" a su mujer cuantas veces le viniera en gana y ella se dejara, lo que hizo fue poner a los "hidalgos de bragueta" cuantos impedimentos podía con el fin de impedirles llegar a las Ordenes Militares o a otras instituciones de elevado rango que debían reservarse exclusivamente a los hidalgos solariegos y de sangre.
              Los "bragueteros" sostenían, por el contrario, que ellos eran tan hidalgos como los otros y de ahí los numerosos pleitos que, como ya he dejado indicado hubo en las Audiencias Reales. Los hidalgos de sangre, ya que no podían hacer otra cosa, ponían todo su empeño en enredar de tal modo el asunto que la decisión final de reconocimiento de hidalguía al "braguero" tardara años y más años en solucionarse ya que mientras esto no ocurriera, el solicitante estaba obligado a seguir pagando los tributos.
              Estas demoras eran fatales para los que aspiraban a la obtención de la hidalguía por medio de la bragueta. Al hidalgo castellano siempre se le representa como arruinado y viviendo en la más absoluta penuria. Lo curioso del caso es que, apenas alcanzaba la condición de hidalgo, y aunque rabiara de hambre y no tuviera para dar de comer a los siete hijos engendrados para conseguir la ansiada dignidad, se mostraba de inmediato orgulloso de su estado social y ya no quería ejercer oficios que antes sí practicó, juzgando como una deshonor el trabajo, hasta que el rey Carlos II decretó que la hidalguía era perfectamente compatible con el ejercicio del comercio u otras actividades artesanas que no degradaban, ni menoscababan al hidalgo que las ejerciera. A partir del siglo XVIII se fue acelerando el proceso de descomposición de una clase que ya no tenía sitio alguno en el nuevo contexto social y económico.
             
    Los hidalgos desaparecieron definitivamente como grupo social en los primeros años del siglo XIX.

    ANTONIO. ¿Cuál es la historia del Incienso?

    Apreciado amigo, la historia del incienso es tan antigua como la propia humanidad. Cuando el hombre descubrió el fuego, al mismo tiempo nació para él el incienso. Cuando quemaba cortezas, hojas, flores, raíces y resinas, se daba cuenta de que desprendían diversos tipos de perfumes y olores. Y así empezó el fascinante mundo mágico del incienso.
              No se puede demostrar, hoy en día, qué pueblo empezó a usar el incienso diariamente en sus rituales y reuniones religiosas. Lo cierto es que los antiguos egipcios (más o menos 5.000 años antes de nuestra era) fueron uno de los primeros en utilizar incienso durante sus ceremonias y cultos religiosos. Un poco de historia siempre es interesante:

    LA IMPORTANCIA DEL INCIENSO EN EL TIEMPO DE LOS FARAONES

    Los antiguos egipcios eran expertos en la mezcla de una extensa variedad de hierbas, raíces, maderas, y en la preparación y utilización del incienso. Se quemaban hierbas —desde dulzonas hasta aromáticas, las más fascinantes y penetrantes— en los templos, en las reuniones públicas y en las casas privadas. El más conocido de todos los diferentes inciensos en los tiempos de los egipcios era el famoso Kifi. Como observan los escritores holandeses Marianne y Patrick Caland.
              El historiador romano, Plutarco escribió hacía el año 100 d.C. las siguientes palabras sobre el Kifi del antiguo Egipto: "los ingredientes del Kifi nos obsequian con el bienestar. El Kifi puede armonizar al hombre en su sueño dulce y eliminar las preocupaciones diarias, pues otorga paz y serenidad a quien lo inhala". En los escritos de los egipcios se dice que el Kifi misterioso produce estados de concentración elevados, la apertura hacia los estados transpersonales.
               Los ingredientes del Kifi se mezclaban en el curso de un ritual muy especial bajo la recitación de textos sagrados. A la preparación por los expertos en la materia le seguía un ritual templario hermético, y extremadamente secreto.
               Lo cierto es que uno de los ingredientes del Kifi era la resina de olíbamo (incienso), ya que entre los antiguos egipcios ésta gozaba de una alta consideración, sobre todo entre los sacerdotes.
               La preparación secreta y tradicional del Kifi estaba reservada sólo a los privilegiados conocedores de la fórmula.
               El secreto de la composición exacta del sagrado y misterioso incienso Kifi, hoy en día, quizás, sea sólo conocida por algunos monjes Budistas Tibetanos. También pudiera ser que los expertos en egiptología hayan encontrado la hermética fórmula durante sus investigaciones.
               En el antiguo Egipto el uso de incienso era una parte muy importante en sus costumbres y rituales.
               De hecho, a cada una de las diferentes y selectas hierbas y otros ingredientes del incienso se les atribuían propiedades místicas específicas. Incluso los médicos egipcios realizaban sahumerios durante sus prácticas médicas para expulsar a los demonios (estados espirituales mentales negativos) que sabían con certeza que eran los causantes de determinadas enfermedades mentales, hoy en día, las llamadas enfermedades psicosomáticas.
               Para sus dioses, los egipcios utilizaban las más preciadas variedades de incienso. Estos artesanos de incienso, en los tiempos de los Faraones, sabían todos los secretos para la elaboración de incienso de alta calidad. Se ha podido constatar que en alguna de las preciadas vasijas encontradas en las cámaras funerarias de Tutankamon, tenían guardadas cientos de clases de incienso que han conservado todavía su magnífico aroma a través de los siglos.

    LA TRADICIÓN DEL INCIENSO CON EL BUDISMO

    Desde los tiempos de Buda, los seguidores del creador del Budismo, han estado fascinados por los aromas fragantes del incienso. Puede ser que los primeros productos que la India importaba fuesen los inciensos de Arabia y Egipto. Con el transcurrir del tiempo, desde la India hasta China y el Tíbet, sus habitantes han encontrado y experimentado el encanto de la magia del incienso.
               Como caso especial, la mayor predilección por el uso del incienso se da entre los Budistas del Tíbet, donde se quema en los ritos de iniciación de los monjes. También es una costumbre fija su uso en los rituales diarios celebrados en los monasterios y en los templos Budistas. El objetivo principal de los Budistas Tibetanos, en los que intervienen los aromas y las vibraciones armónicas de los inciensos, es invocar el apoyo de los espíritus benefactores del ambiente.
                Hoy en día, para los Budistas, el incienso es parte de sus vidas y, éste no puede faltar en las fiestas y ceremonias. Para los tibetanos, el incienso se quema con motivo de las costumbres sociales, como los bautizos, las bodas y en muchas otras ceremonias.
               El incienso tibetano es uno de los más antiguos y naturales que existe actualmente en el mercado mundial. Es una artesanía milenaria y, desde luego, todo el incienso está hecho a mano. Hasta el secado del incienso se hace al sol. Se trata de un incienso integral, sin fósforo ni ingredientes tóxicos.
               El incienso tibetano es de un material selecto y de alta calidad, conteniendo éste sustancias aromáticas bien conocidas como almizcle, sándalo rojo y blanco, azafrán, canela, etc., y compuesto de hierbas y raíces del     Himalaya, con un total medio de 25 ingredientes secretos, y algunos llegan a tener más de 35 hierbas selectas diferentes. Ha sido elaborado según las viejas y secretas fórmulas que descubrieron hace siglos los Rimpoches (venerados lamas iluminados) y esmerados procesos, que han sido transmitidos de generación en generación.
               El incienso se utiliza también en el Budismo japonés, al igual que en el sintoísmo, la religión originaria del Japón, que todo fue de origen e inspirado por el Budismo Tibetano.

    EL USO FASCINANTE Y ESPIRITUAL DE LOS INCIENSOS

    Hoy en día, vivimos en una época de redescubrimiento de los inciensos. La energía, las vibraciones armónicas que vibran tras las hierbas, flores, raíces, maderas nobles y especias, son como una cortesía celestial, como un regalo aromático de la Naturaleza.
               El incienso se ha utilizado desde tiempos remotos para conducir al hombre a un estado elevado de consciencia, ánimo y conciencia, con el objetivo de abrir la puerta a lo espiritual y lo divino.
               Es símbolo de la presencia vibratoria divina, favorece la creación de una atmósfera de manera subliminal, que facilita la concentración y los estados de meditación. El incienso encendido, desprende su fuerza, junto con sus sutiles vibraciones, y su aroma típico.

    LOS CIENTÍFICOS SABEN:  

    Que el incienso actúa en un sentido refinado y de una manera misteriosa. Influye en nuestras emociones y en la profundidad de nuestros sentimientos que provocan estados elevados de nuestra consciencia.

    EL USO DEL INCIENSO TIBETANO Y EGIPCIO - AYURVEDICO TIENE UNA UTILIZACIÓN MÚLTIPLE:

    1. Para generar buenas vibraciones y liberar una fuerza energética.

    2. Para conjurar y expulsar malos influjos y energías.

    3. Para concentrar fuerzas y dirigirlas a un objetivo.

    4. Para crear una atmósfera plenamente adaptada a una actividad luminosa que tiene intención de ejecutar.

    5. Para purificar lugares antes de realizar rituales benéficos y espirituales.

    6. Para la curación psíquica y física.

    7. Para facilitar la meditación individual o en grupo.

    8. Durante una cena o comida muy particular.

    9. Para la concentración durante el trabajo.

    SABER ELEGIR SU INCIENSO

    Como sabemos cada persona es diferente en sus gustos, conocimientos y nivel de evolución espiritual. Por eso, para elegir una clase de incienso, tiene que tener en cuenta sus propios criterios y gustos particulares.
               Hoy en día el incienso se puede encontrar y adquirir en los más variados tipos de tiendas y mercadillos.

    ESPECÍFICOS CON EL OBJETIVO DE ELIMINAR ESTADOS NEGATIVOS COMO:

    Nerviosismo, mala concentración, estrés, insomnio, etc. Este incienso de los Sacerdotes Tibetanos está compuesto mediante una fórmula anterior a nuestra era; una mezcla de más de 30 diferentes hierbas selectas y medicinales; ideal para el ambiente familiar, despachos y centros de reuniones. Y para que prevalezca la PAZ en aquella Casa en donde este Incienso se tiene en macetas o se quema.  

    JAIME ULL.  Antes que nada, un afectuoso saludo. Estoy contento de poder "conversar" de nuevo contigo. Te envío dos temas, a ver si puedes arrojar un poco de luz:
     
    1: el nombre de Portugal; "deriva del nombre romano Portus Cale. Cale era el nombre de un asentamiento primitivo localizado en la desembocadura del Duero. Durante la 2ª Guerra Púnica (final del siglo I a. C.) los romanos intervienen en la península Ibérica en contra de los Cartagineses. En ese conflicto conquistaron la localidad de Cale (puerto de origen griego cercano al actual Oporto) pasando a denominarla Portus Cale (portus=puerto, Kale=bonito).
     
    Pregunta: tal vez te parezca descabellado, o bien es que ya veo el Temple por todas partes (habrá que darle un nombre al síndrome), pero no conformándome con el significado tradicional del nombre, podría derivar (no soy filólogo) del catalán o castellano antiguo significando "portu el graal", que bien escrito y bien traducido significaría "traigo conmigo el Graal". Repito, no te rías de mi (de todos modos te lo permito -broma-), pero me suena tan semejante y es tan atractiva esta hipótesis o mejor dicho, sospecha...
     
    2: Esta duda ya es más seria. El 17 de Enero se celebra San Antón, Sant Antoni aquí en Baleares, fiesta muy celebrada por aquí, a la que cuando gustes y puedas, estas invitado. Mi duda es por qué esa fecha, el 17 de enero, y qué relación tienen fecha y santo con los Templarios.

    Los romanos le dieron el nombre de «Portus Cale», al territorio Portugués que hoy es conocido como Oporto o Porto. Este término se traduce en latín como Portus=Puerto y  Cale=Caliente. La palabra Kale, que tú traduces como bonito, no existe en latín, entre otras cosas porque la «K», no es muy usada en latín. De todas formas poco te cuesta tomar un diccionario de latín y comprobarlo. Nunca se debe decir, como otros muchos aseguran por ahí, que fue Porto, ya que porto en latín significa: Portar, trasladar, acarrear, desplazar... Los seudo historiadores que andan por ahí, lo han confundido y traducido como Puerto, tal vez por la semejanza que existe entre ambos vocablos.

    La conjetura que tú propones de «Portu el graal», puede valer como hipótesis, pero no como auténtica. Mucho antes de que Chrètien de Troyes  escribiese su obra póstuma que fue titulada como Li contes del Graal, que dio origen o nacimiento de la palabra Grial, antes totalmente desconocida, los habitantes de la regiones que hoy conocemos como catalanas, ya hablaban el que tú llamas catalán antiguo. Teniendo en cuenta que cuando los templarios comienzan a expandirse por toda la Europa cristiana, Portugal ya era conocida con ese nombre, no podemos, salvo que yo esté equivocado, asegurar que los templarios le dieron el nombre de «Traigo conmigo el Grial».

    En cuanto a tu segunda pregunta, existe una relación histórica y es la siguiente: En algunos lugares de la Región de valencia, cuando todavía pertenecía a la Corona de Aragón, sobre todo reinando Jaime I y Jaime II, el día 17 de enero, festividad de san Antón, los templarios, igual que hacían otras órdenes religiosas, salían montados en sus caballos, con las alforjas llenas de panes pequeños que iban repartiendo entre los habitantes del lugar, sobre todo entre los niños y los ancianos. Creo, no lo sé con seguridad, que en algunos lugares de esta Región valenciana, todavía se sigue esta tradición que fue comenzada por los templarios. Parece ser que algunos personas montadas a caballo recorren el pueblo, arrojando juguetes a los niños y panecillos a los mayores. Esta tradición se basaba en el hecho concreto y glorioso de que san Antón, retirado en la más completa soledad, era alimentado por un cuervo que le llevaba prendido en el pico un pan recién horneado.

    Esta tradición fue luego alentada y practicada por San Antonio, de Padua que, por cierto, ni se llamaba Antonio ni era de Padua. Se llamaba Fernando y era de Portugal. Este santo, amando mucho la vida de San Antón (era Antonio, pero para no confundirlos llamaron al primero Antón y al segundo Antonio), lo primero que hizo fue tomar su nombre, es decir Antonio, y luego hacer todo lo posible para imitar su vida santa y enaltecer su historia.

    CARLOS COTO.  Estimado Señor: Muy respetuosamente quisiera me ayudara a comprender,  cómo en plena  Baja Edad Media, de pronto o al menos en un periodo relativamente corto, se inicia la edificación especialmente de majestuosas iglesias  nunca antes diseñadas, sumamente costosas,  de desafiante e innovadora  construcción y diseño llevadas a cabo con  "tecnología de punta" para la época, me imagino que influyó de alguna manera experiencias fundamentalmente tomadas del Imperio Romano y de las Pirámides Egipcias, proyectos que aún en la actualidad representarían un gran reto y  desafío monumental el llevar a cabo la construcción de una obra similar.

    De dónde se obtuvo el financiamiento que cubriera los gastos de  todo el equipo de ingenieros, arquitectos, maestros de obra, obreros,  materiales, aleaciones,  control administrativo y de calidad, supervisión, seguimiento,  evaluación de materiales, y de las novedosas características arquitectónicas introducidas, y su seguridad estructural.

    De dónde obtuvieron el financiamiento, quién o quienes fueron los encargados de llevar a cabo el "lobby" del proyecto, por qué surgió la necesidad de dar un giro de 180 grados principalmente en lo que a construcción de iglesias se refiere, qué los motivó, etc. Gracias.
    Felices Fiestas y Año Nuevo.

    Amigo Carlos, tal y como tú dices muy acertadamente, el arranque del comienzo de las grandes construcciones religiosas, fue muy parecido a las grandes obras que tanto el Imperio Romano como los egipcios llevaron a cabo. Los romanos edificaban y esculpían para gloriar a sus dioses, y los egipcios para obtener en vida una sepultura digna de la nobleza de quien o de quienes mandaban construirla. Y esas dos razones fueron las que empujaron a los grandes señores de la Edad Media para comenzar a financiar las grandes obras religiosas que, poco a poco, fueron poblando todo el suelo de la Europa cristiana. Es decir, la primera razón era glorificar a Dios; y la segunda, obtener en vida un sepulcro digno de la grandeza de quien lo pagaba en un lugar santo, pues santo era considerado el interior de una catedral, iglesia o ermita, como santo era también considerado el mismo terreno que las circundaba. Recuerda que los ricos se hacían enterrar dentro, y los pobres eran enterrados fuera, bajo la tierra que circundaba al recinto religioso que pasó a ser conocido y llamado: Campo Santo.

    Las grandes catedrales que hoy podemos admirar en nuestros respectivos países, fueron todas financiadas por grandes y ricos señores y por algunas órdenes militares que tenían suficiente dinero para pagar su construcción. Los grandes señores lo hacían, como ya he dicho anteriormente, para ensalzar el nombre del santo o santa a quien ellos le tenían devoción, y para obtener en vida un soberbio y bien engalanado sepulcro. Para llevar a cabo este proyecto, los grandes señores contrataron a los mejores constructores que existían, sin importarles, a veces, que fueran extranjeros. Y hay que decir, que entre estos constructores, existía mucha competencia, lo que les llevaba a estudiar, practicar e investigar para ser los mejores. 

    Observarás que todas las catedrales que fueron comenzadas por esa época,  tienen en su interior una serie de capillas. Y que cada capilla tiene en el suelo lápidas que recuerdan que allí está enterrado un gran señor, su  mujer y también sus hijos.  Si en una catedral observas quince o veinte capillas, quiero que sepas que esos quince o veinte señores, y cuando morían sus descendientes, fueron los que pagaron, entre todos, la construcción de la predicha catedral para tener en ella su sepulcro y el de los suyos en propiedad por los siglos de los siglos. 

    En el caso de las iglesias o ermitas que están erigidas a alguna orden militar, y por tanto, adornadas con símbolos pétreos que pertenecen a la orden que financió su construcción, hay que saber que esas iglesias o ermitas comenzaron a ser erigidas a partir del año 1145, en que por bula del papa Eugenio III, se da potestad a la Orden del Templo de Salomón, y por comparación a todas las demás órdenes, para que tuvieran iglesia propia y pudieran enterrarse tanto en el interior como en el exterior de ella. Las razones, según la bula, son las siguientes:

    ..os damos licencia para construir oratorios en los lugares que tienen concedidos, esto es, en los que habita dicha orden y en los que puedan oír los oficios divinos y les sea permitido sepultar a cualquiera que falleciere de dichos religiosos o de sus servidores. Pues no resulta decoroso y sería peligroso para sus almas el que dichos religiosos, con ocasión de acceder a una iglesia, se tuvieran que mezclar con las turbas de varones y la frecuencia de mujeres...

    Esos fueron, mi apreciado amigo, quienes financiaron las construcciones por las cuales te interesas. También yo te deseo que pases unas felices fiestas.