En tiempos antiguos recuerdo que, además de recibir los
niños más o menos clases de las mismas ciencias que hoy se imparten, también
teníamos una asignatura que se llamaba: «Instrucción religiosa, moral y cívica».
Una vez finalizado el régimen en cuyo gobierno se enseñaba esta asignatura, se
eliminó de esta disciplina lo de «moral y cívica» y sólo se dejó «religión»,
asignatura que ahora también se quiere suprimir. Yo hubiera estado más de
acuerdo si en vez de suprimir estas dos últimas asignaturas, se hubieran
deslindado de la «religión», porque, aunque esta diferenciación resulté difícil
de comprender para hombres que hemos vivido en una cultura en que la religión y
la moral han existido estrechamente unidas, tendremos que tener en cuenta que la
verdadera religión se manifiesta en los modos de expresar la fe, la confianza,
la gratitud... Y estas actitudes llevan al creyente a compromisos concretos,
como por ejemplo a amar a amigos y enemigos, y a la manifestación de un espíritu
de auxilio hacia los más desfavorecidos. De esta forma es como llegamos a la
conclusión de que la religión que ahora se quiere también suprimir, es el único
reducto que nos queda para que nuestros estudiantes, aunque sea religiosamente,
se eduquen en los valores morales, pues sí aún recibiendo formación religiosa
nuestros jóvenes están causando grandes dolores de cabeza a la gente mayor,
sobre todo a sus padres y maestros, ¿qué ocurrirá cuando esta disciplina
también se elimine? Si los maestros temen las represalias de los niños, y los
padres tienen que contratar los servicios de detectives privados para saber qué
hacen sus hijos a las seis de la mañana en la calle, ¿qué ocurrirá cuando
esta disciplina también se elimine? Si a los niños de hoy se les deja de
instruir acerca de los principios morales, aunque sea desde un punto religioso,
¿cómo se comportarán en el futuro los que están llamados a ser los hombres
del mañana? Tal vez fuese necesario recuperar aquellas dos asignaturas que
fueron antaño separadas de la religión, que establecidas en una, sería hoy
conocida como: «Instrucción moral y cívica». El árbol hay que enderezarlo
cuando aún es tierno, porque tal y como decía Pitágoras: «Educad a los niños
y no será necesario castigar a los hombres».