LXII

Que no se reciban muchachos mientras son pequeños entre los Hermanos del Templo

 

Aunque la Regla de nuestro santo Padre permite tener muchachos en Congregación, nosotros no lo alabamos, y así de los tales no os encarguéis. El que quisiere perpetuamente dar a su hijo o pariente a la Milicia del Templo, críelo primero hasta los años en que puedan varonilmente echar a los enemigos de Cristo de la Tierra Santa, después, según la regla, el padre o los padres, lo traigan y pongan en medio de los Hermanos y hagan patente a todos su petición: «no ofrezcamos en la infancia, sino después de hecho hombre».

 

 

Regla de san Benito. Capítulo  LIX. Si el niño es de poca edad, hagan los padres la petición que arriba dijimos, y ofrézcanlo junto con la oblación, envolviendo la misma petición y la mano del niño con el mantel del altar.

 

NOTA. Los monjes tomaban niños traídos por sus padres al convento, ya fuesen de buenas cunas, de clase media, pobres o huérfanos. Esto lo hacían para educarlos en la más estricta catequesis religiosa, y porque sabían y predicaban que el árbol se moldea mejor cuando su tronco es tierno que cuando se ha vuelto duro. En contraposición, los de la orden del Templo de Salomón, aunque así lo mandaba la regla de san Benito, no podían tomar niños en su tierna edad porque no gozaban de tiempo para educarlos. Aceptaban mozos que ya habían cumplido los quince años, y los empleaban en servicios domésticos o como escuderos. Allí aprendían un oficio, y si cuando eran mayores querían quedarse como soldados, eran aceptados; y si no, abandonaban la encomienda con la seguridad de ser un hombre de provecho allá donde fueren por el hecho de ser poseedores de un oficio bien aprendido.