Que ninguno de los Hermanos que quedan hagan oblación
Determinamos, como se dice arriba, que ninguno de los Hermanos que quedan, presuma de hacer otra oblación, si no que permanezca de día y de noche en su profesión con limpio corazón, para que en esto pueda igualarse con el más sabio de los profetas, que en el Salmo 115 se dice: «recibirá el Cáliz del Señor, e imitaré en mi muerte la muerte del Señor; porque así como Cristo puso su Alma, así yo estoy pronto a ponerla por mis Hermanos»: veis aquí una competente oblación y Hostia viva que place al señor.
Regla de san Benito. Capítulo LXII. Guárdese de la envidia y de la soberbia, y no presuma hacer nada que no le haya mandado el abad, sabiendo que debe someterse mucho más a la disciplina regular. No olvide, con ocasión del sacerdocio, la obediencia a la Regla, antes bien, progrese más y más en el Señor.