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De qué modo se tengan o reciban los Hermanos casados
Os permitimos tener Hermanos casados de este modo: que si piden el beneficio y participación de vuestra Hermandad, la parte de su hacienda y la que adquirieran posteriormente, la concedan a la unidad del capítulo después de la muerte, y que entretanto hagan honesta vida y procuren hacer bien a los Hermanos, pero no traigan vestidura blanca. Si el marido muriere antes, deje a los Hermanos su parte, y la otra quede para la sustentación de la mujer, esto consideramos injusto: que habiendo los Hermanos prometido castidad a Dios, que semejantes Hermanos permanezcan en una misma casa.
Aunque este capítulo ya ha quedado suficientemente explicado en el apartado titulado «Breve reseña histórica», la vamos a exponer otra vez: la orden, como todos sabemos, comenzó únicamente con los caballeros profesos que hacían voto de castidad y profesaban para siempre. Eran muy pocos los que se comprometían a profesar para siempre y juraban el voto de castidad, así que, ante la dificultad de reclutar caballeros que engrosaran las filas de los monjes, la orden no tuvo más remedio que abrir la mano y crear dos clases más de caballeros: los caballeros seglares, que entraban solteros y se comprometían a no casarse y a ser castos mientras duraba el tiempo que ellos mismos habían elegido para servir, y los caballeros de la orden tercera, que podían entrar indistintamente casados o solteros, e incluso, casarse una vez dentro de la orden. Este artículo sería incluido, con toda seguridad, bastante tiempo después de haber sido constituida la primitiva regla.