XLVII

Que ninguno hiera a fiera con arco o ballesta

 

Conviene caminar y acompañar a todas las religiones, sencillamente y sin risa, humildemente y no hablando mucho, si no es sólo lo razonable y nunca con clamorosa voz, especialmente mandamos a todos los Hermanos profesos no se atrevan a herir con arco o ballesta en el bosque, ni que acompañe al que esto hiciera, si no es por guardarlo de algún pérfido infiel. Ni lo haga con perros y dando voces o exclamaciones, ni pique a su caballo con ánimo de coger fiera.

 

 

Aquí podemos ver como lo que hemos afirmado en el capítulo anterior sobre la prohibición de la caza, está suficientemente fundamentado y viene a darnos la razón cuando dice: «Conviene caminar y acompañar a todas las religiones...» Pocas religiones hay que prediquen la matanza de animales o defiendan el hábito de la caza, sólo la religión islámica (cuyos seguidores eran enemigos acérrimos en aquellos tiempos de los cristianos y viceversa) justifica esta práctica cuando dice: «Te consultarán: ¿Qué nos está permitido? Diles: Os es lícito todo lo bueno y también cuanto cobréis de los animales cazadores y de las aves de rapiña adiestradas por vosotros, según os enseñó Alá. Comed de lo que os hayan atrapado y, sobre todo, invocad el nombre de Alá y temed a Alá; porque Alá es muy diestro en el cómputo.» (Sura 5; Aleya 4).

        En el «Libro a los soldados del templo alabando su Nueva Milicia», dice san Bernardo: «...tampoco se dedican a la caza ni se permiten la cetrería, que tan generalizada está.»