XLVI

Que ninguno cace ave con ave

 

Nosotros determinamos generalmente que ninguno se atreva a coger ave con ave. No conviene a la religión llegarse de tal suerte a los mundanos deleites, sino oír de buena gana los preceptos del señor, y orar frecuentemente, y confesar a Dios sus culpas en la oración con lágrimas y gemidos. Ningún Hermano presuma ir por esta causa con hombre que cace con Gavilán u otra ave.

 

 

No se ha encontrado ninguna semejanza expresada por san Bernardo con este capítulo, no obstante y sabiendo lo mucho que el santo leía y recomendaba leer la Biblia, podemos deducir que esta oposición a la caza, sobre todo si era ave con ave, estaría latente en él por el rechazo implícito que muestra la Biblia a la actividad de la caza tanto el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Y este repudio religioso de evitar el sufrimiento de los animales, sobre todo cuando no había un propósito provechoso, estaba recogido en el espíritu conventual, ya que no era raro oír a los superiores de los monasterios amonestar a los monjes petulantes y vanidosos con estas palabras: «Acaso no sabéis que Dios creó antes a los animales que al hombre y que, por ello, los animales son más importantes que los hombres. Sabed pues aquellos de vosotros que os creéis tan importantes, que incluso el más feo y humilde de los gusanos que se arrastran por la tierra, es mucho más importante que vosotros...»