I

De cómo se ha de oír el oficio divino

 

Nosotros que en cierta manera renunciasteis a vuestras propias voluntades, y otros que, por la salvación de vuestras almas militáis sirviendo al Rey Supremo con caballos, y armas, procuréis universalmente, y de puro afecto, oír los Maitines, y todo el oficio entero, según la canónica institución y costumbres de los doctos regulares de la Santa Iglesia de Jerusalén; y por eso, ¡oh venerables Hermanos!, a vosotros muy en particular os toca, porque habiendo despreciado al mundo, y los tormentos de vuestros cuerpos, prometéis tener en poco al mundo por amor de Dios; y así, reflexionando y saciados con el Divino manjar, instruidos, y firmes en los preceptos del Señor, después de haber consumado y concluido el Misterio Divino, ninguno tema la pelea, sino que esté apercibido para la corona.

 

 

 

 

Regla de san Benito. Proemio. Así volverás por el trabajo de la obediencia, a Aquél de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia. Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades y tomas las preclaras y fortísimas armas de la obediencia, para militar por Cristo Señor, verdadero Rey.