AMOR

Después de estar tanto tiempo en silencio, han comenzado a proliferar ahora traducciones, comentarios y obras literarias sobre el «Cantar de los cantares», un libro de poemas amorosos, a veces incluso eróticos, que forman parte de la biblioteca sagrada que guarda el tesoro de la Biblia. A lo largo del tiempo, muchas fueron las personas que encontraron respuestas a sus interrogantes leyendo el Cantar; san Juan de la Cruz fue uno de ellos. Pero el que más huella dejó en mí, fue un escrito de don Gregorio Marañón en su obra «Vida e historia». Allí nos describe el autor la evolución del amor, de la siguiente manera: «El primer amigo profundo del hombre fue, sin duda, la mujer: la mujer incluso antes de serlo, cuando era sólo hembra escogida al azar, para satisfacer el hambre del instinto, a medida que éste urgía. Pero una mañana remota y memorable, cuya fecha representa infinitamente más para el progreso humano que todos los descubrimientos de nuestros siglos, ocurrió este maravilloso suceso: al levantarse el hombre, bronco e hirsuto, de su lecho de hierbas, después de haber cumplido la ley del instinto con la hembra que estaba a su alcance, reposado por el sueño de esta tristeza que invade al animal después de amar, se sintió transido de una tristeza mayor, que era tener que abandonarla. Y volviendo a ella, que aún dormía, brilló en sus ojos, desde el fondo de las cuencas redondas, por vez primera en la historia del mundo, una luz maravillosa que era el amor, que sólo se enciende cuando el ímpetu del instinto se ha apagado, porque se ha satisfecho. El hombre, triste de una tristeza nueva, comprendió confusamente que aquel ser tan débil que dormía a su lado, era el remedio a la soledad infinita, el remedio que no podían darle los otros hombres llenos de músculos y de audacia... Pero entonces la hembra dormida, mujer desde ese instante, despertó bajo el brillo de la nueva luz. Y con esa comprensión súbita de las cosas geniales y trascendentes que sólo la mujer posee, se levantó en silencio. Y como si hubiese hecho siempre la misma cosa, se fue con el compañero de la noche para no separarse más...»

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