En mi
correo electrónico recibo escritos de personas que me sugieren, me honran,
me reprenden o me preguntan sobre múltiples y variados temas. Numerosos
han sido ya los que me consultan para saber si en la historia hubo órdenes
militares que hubieran sido profesadas por mujeres. Y otros mensajes,
aunque hemos de decir que han sido en menor número, para saber si las hubo
combinadas, es decir donde la confesión fuese de hombres y de mujeres en
igualdad de condiciones. A todos les dije que sí y a cada uno de ellos les
mandé una pequeña reseña. Pero he pensado que en un Boletín como éste,
cuya comunicación llega ya casi a los cuatro mil suscriptores, puedan
haber otras personas que estén interesadas en conocer dichas órdenes. Así
que, sin más tardanza, voy a enumerar por orden de aparición en la vida,
las ordenes de esta índole más importantes que existieron en la historia:
ORDEN DE LAS DAMAS DEL
HACHA. Esta orden fue creada en el año 1149 por Ramón Berenguer, conde
de Barcelona, en honor de las mujeres de Tortosa que salvaron la ciudad,
uniendo sus esfuerzos femeninos a las tropas que la defendían. Gracias al
esfuerzo y a la entrega de estas mujeres, las tropas cristianas lograron
rechazar el ataque de los moros, que tuvieron que levantar el sitio y huir
vergonzosamente. La divisa de esta orden fue un hacha de gules (color
rojo) puesta en pal (partición y mueble del escudo) sobre una especia de
esclavina.
ORDEN DEL ESPÍRITU
SANTO DE MONTPELLIER. Un caballero de Montpellier, llamado Guy de
Guado, hizo edificar en esta ciudad francesa en el año 1195 un hospital
destinado para los enfermos y pobres, y lo instaló bajo la advocación de
Santa Marta. Hombres y mujeres se asociaron al fundador para ayudarle en
su empresa que bien pronto hizo grandes progresos. Este establecimiento
sanitario bien organizado y sabiamente administrado, dio resultados muy
satisfactorios. Tanto fue así, que el Papa Inocencio III concibió el
proyecto de constituirlo en orden hospitalaria, religiosa y militar.
Proyecto que se hizo efectivo gracias a la bula expedida por dicho
pontífice el día 23 de abril de 1198, aprobando la fundación hecha por Guy
de Guado y dotándola de los correspondientes estatutos con el nombre de
«Espíritu santo de Montpellier». Inocencio II, convencido de la utilidad
benéfica de esta orden, que se reconocía por la práctica de las buenas
obras y por su caridad evangélica, fundó otra de las mismas condiciones y
servicios en Italia, dándole el nombre de «Espíritu Santo de Saxia», que
pronto se unió a la de Francia. Durante muchos siglos ambas constituciones
prestaron importantes servicios, mas poco a poco fueron cambiando las
circunstancias. Hubo agitaciones, se organizaron nuevas órdenes, y la de
Francia declinó sensiblemente y quedó un poco a la sombra de la historia.
Un decreto del mes de diciembre de 1672 declaró extinguida y suprimida
esta orden y ordenó que todos sus bienes y rentas fuesen confiscadas a
favor de la orden de San Lázaro de Jerusalén y de la hospitalaria de
Nuestra Señora de Monte Carmelo. Este inesperado decreto llenó de
consternación a los miembros de la orden, que rehusaron darle cumplimiento
y eligieron un gran maestre llamado Coste y se declararon en abierta
oposición a las órdenes del monarca. Dos decisiones del consejo de Estado,
una en 1689 y otra en 1690, confirmaron el decreto que terminó por
exasperar a los miembros de esta orden que volvieron a protestar. En vista
de tan obstinada resistencia, la autoridad real, no queriendo proceder mal
en este asunto, que tenía muy alarmado tanto al tribunal como a los
habitantes de Montpellier, nombró una comisión de magistrados para
examinar detenidamente los motivos alegados por los miembros de la orden.
El informe fue favorable a éstos, y con un real decreto de 1693, fueron
anulados los anteriores y restablecida la orden del espíritu Santo. Esta
victoria adquirida a costa de tantas luchas, discusiones y tribulaciones
de toda naturaleza, estuvo muy lejos de producir entre los miembros de la
orden, la paz y la unión, que fue turbada con motivo de la elección de
otro gran maestre, reinando entre ellos la discordia, y después de vivas y
apasionadas discusiones llegó un decreto firmado el día 4 de enero del año
1708, donde se declaraba la orden puramente religiosa, y en consecuencia
debía de ser gobernada únicamente por la Iglesia. El Papa Clemente XIII la
refundió en la de San Lázaro.
ORDEN DE LAS DAMAS DE
LA BANDA. Juan I de Castilla, instituyó esta orden en el año 1380 para
honrar la memoria de las mujeres de Plasencia durante el sitio de esta
plaza por los ingleses, cuyo admirable valor y ayuda contribuyeron en
mucho para rechazar, con notable pérdida de hombres y material bélico, a
los sitiadores. Esta orden, que fue especialmente destinada para damas,
fue unida más tarde a la de Caballeros de la Banda.
ORDEN DE LA CABEZA DE
MUERTO. Esta orden fue fundada en 1652 por Silvio-Nimrod, duque de
Wirtemberg, para damas y caballeros. Declarándose el duque gran maestre de
la misma, y eligiendo a su madre, Sofía Magdalena, duquesa de Lignitz y de
Brieg, gran priora. Con la muerte de su fundador y gran maestre, cayó en
desuso esta orden. Más tarde, Luisa Isabel, nieta del gran maestre y
fundador de la misma, la restableció en el año 1709, destinándola
únicamente para la confesión de Damas, con la precisa condición de que una
princesa de la casa de Wirtemberg fuera siempre priora. Los estatutos de
esta orden, no era de absoluta prioridad ser persona ilustre para su
admisión en ella, pues sólo contemplaban una vida ejemplar y libre de todo
vicio. Estaba prohibido a las ocupantes de dicha orden el juego, la
asistencia a fiestas públicas y el uso de trajes magníficos. Todos los
años se celebraba capítulo general, y en él eran multadas aquellas damas
que habían contravenido los preceptos de la regla. El dinero recogido de
las multas se depositaba en una caja para distribuirlo después entre los
pobres el día del Viernes Santo. La divisa de la orden era una cabeza de
calavera que en su contorno tenía el siguiente lema: «Memento mori», y
pendía de ella un lazo negro de seda.
ORDEN DEL AMARANTA.
La reina Cristina de Suecia, queriendo perpetuar la memoria del triunfo de
la creencia ortodoxa sobre la de los luteranos, instituyó esta orden en el
año 1653, concediendo su collar a varios caballeros y damas de su corte
que estuvieran dispuestos a abandonar el error y las doctrinas de Lutero.
La divisa de esta orden consistía en una joya de diamantes con dos “AA”,
de oro y contrapuestas, dentro de una corona de laurel atada con una cinta
blanca, en la cual estaba bordado de oro la siguiente inscripción: «Dolce
nella memoria». Poco tiempo después de haber sido constituida fue olvidada
por su propia fundadora y desapareció completamente a la muerte de ésta.
ORDEN DE LAS DAMAS
ESCLAVAS DE LA VIRTUD. Leonor de Gonzaga, viuda del emperador de
Alemania Fernando III, a fin de que renaciese la piedad en su corte,
instituyó en el año 1662 la orden de caballería llamada de las «Damas
esclavas de la virtud», declarándose gran priora de la misma y prefijando
el número de treinta las profesas que la podían componer. Su divisa era un
sol de oro, rodeado de una corona de laurel con el epígrafe siguiente:
«Sola triumphat ubique»
ORDEN DE LAS DAMAS
PARA HONRAR LA CRUZ. Esta orden de caballería fue creada por la propia
emperatriz Leonor de Gonzaga en el año 1668, después del incendio del
palacio imperial, cuyas llamas, que todo lo destruyeron, habían respetado
sólo un crucifijo de oro que contenía un lignun crucis. Las damas de esta
orden llevaban por divisa, al lado izquierdo de su cuerpo, una cinta
negra, de la cual pendía una cruz potenzada (en forma de T) de oro,
terminando sus cuatro brazos, que estaban rodeados por cuatro águilas
imperiales, en una estrella de plata. Y sobre el crucifijo dos troncos
puestos en cruz con las palabras: «Salus et gloria».
ORDEN DEL AMOR AL
PRÓJIMO. Esta orden fue establecida en Suecia en el año 1708 por la
emperatriz Elizabeth Cristina. Admitía tanto a hombres como a mujeres para
recompensar su fidelidad y adhesión a la soberana. Pero fue olvidada poco
tiempo después de haberse constituido sin que tuviera nunca mucha
importancia. La divisa de esta orden era una cruz de oro de ocho puntas,
esmaltada en blanco, con una cinta encarnada y la siguiente inscripción:
«Amor proximi».
ORDEN DE DAMAS NOBLES
DE MARÍA LUISA. Carlos IV, rey de España, fundó esta orden el día 19
de marzo del año 1792, y fue destinada para recompensar a las damas nobles
que por sus servicios, pruebas de adhesión a la familia real, y por sus
virtudes, se hicieran acreedoras de ella. En virtud de los estatutos
debían obligarse estas damas a visitar una vez cada mes los hospitales
públicos de mujeres, casas de asilo y beneficencia. Y celebrar todos los
años una misa para el descanso del alma de las damas de la orden ya
fallecidas. Esta orden estaba bajo la protección de San Fernando, y la
reina de España ejercía la dignidad de ser la gran maestre. El documento
de constitución dice lo siguiente: «Para que la reina, mi amada esposa,
tenga un modo más de mostrar su benevolencia a las personas nobles de su
sexo que se distinguieron por sus servicios, prendas y calidades, hemos
acordado establecer y fundar una orden de damas nobles, cuya denominación
sea: «Real orden de la Reina María Luisa», y nombrará la reina las damas
que hayan de componerla. Tendrá la orden por patrono y protector a nuestro
glorioso progenitor San Fernando, teniendo todas las damas por obligación
piadosa de su instituto la de visitar una vez cada mes alguno de los
hospitales públicos de mujeres, u otros establecimientos públicos o casas
de piedad, o asilos de éstas, y la de oír y hacer celebrar una misa por
cada una de las damas de la orden que fallezcan.
»Las damas usaran una
banda blanca ancha, morada, con una lista del tercio de su anchura, blanca
en el centro, que colocarán desde el hombro derecho al costado izquierdo.
La cruz es de oro, de cuatro brazos con ocho puntas que rematan en
pequeños globos. Los cantones son de esmalte morado, y el campo blanco. En
medio un óvalo de esmalte blanco con bordura morada, y en su centro la
imagen de San Fernando. Esta cruz tiene los brazos alterados con castillos
y leones de oro, y montada de una corona de laurel. El reverso lo forma un
óvalo de esmalte blanco, en cuyo centro tiene la frase de “María Luisa”, y
en una bordura la inscripción: “Real orden de la reina María Luisa”».
Puedo deciros, mis
queridos lectores y lectoras, que han existido más ordenes mixtas y
eminentemente femeninas, pero si siguiera enumerándolas caeríamos en el
peligro de que os llegaseis a cansar. Valgan pues las que he enumerado
para darnos cuenta que a pesar de que muchas de las ordenes femeninas que
existieron en la historia fueron siempre fundadas por intereses
masculinos, no dejan de mostrarnos que las mujeres en circunstancias de
asedio o de peligro inminente lucharon bravamente junto a los hombres, sin
tener instrucción militar ni conocer lar armas, demostrando durante el
devenir de la historia que en todo eran y podían ser semejantes a los
hombres.