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DOCUMENTOS TEMPLARIOS
ORACIÓN
Espíritu
Santo, dadnos vuestra Gracia. María, estrella de los mares, perdona nuestros
pecados y sana nuestras heridas. Amén. Jesucristo, padre santo y eterno, Dios
omnipotente, salvador del mundo, clemente y misericordioso, os pedimos
humildemente y os suplicamos que nos iluminéis; que libréis de todo mal y
mantengáis junto a vos a todos vuestros hijos del Templo y a todo el pueblo
cristiano; separadnos de quienes quieren empañar nuestras vidas por medio del
escándalo y de la desgracia.
¡0h,
Dios nuestro!, vos que sabéis que somos inocentes, dadnos fe y fuerzas para que
podamos seguir cumpliendo, con toda humildad, nuestros votos y vuestras leyes,
con el fin de que lleguemos a alcanzar vuestra santa misericordia. Libradnos de
esta afrenta tan terrible, que no merecemos y que nos causa grande males. Esta
prueba, Señor, es terrible, pues nuestras tribulaciones no tienen límite. Todo
lo hemos sufrido hasta ahora, Señor, pero las fuerzas nos abandonan para seguir
sufriendo en lo sucesivo.
Por
vuestra santa misericordia, Señor, libradnos y guardadnos de seguir sufriendo;
sabéis que somos inocentes de los crímenes que nos imputan.
BULA
A
nuestro hijo carísimo Carlos, ilustre rey de Sicilia.
Habiendo trabajado largamente acerca del empréstito, a fin de
poder ayudarte un poco en tus necesidades, tememos un inminente fracaso a la
vista de lo poco que ofrecen los prestamistas. No habiendo podido doblegarles ni
con ofertas, ni con amenazas, al fin y con la fiel ayuda y el asesoramiento de
nuestro amado hijo Juan de San Nicolás, cardenal diácono de la iglesia en la cárcel
Tuliana, después de varios intentos obtuvimos de ellos la promesa de que si
damos prendas, estarían dispuestos a ofrecer mayor cantidad de dinero. Así
pues y dado que no nos quedaba otro camino, optamos por empeñar los vasos de
oro y plata con piedras preciosas y todo el tesoro de la iglesia, mas con la
caución desacostumbrada de un máximo de cincuenta mil libras turinesas (moneda
de Turín), mas no inmediatamente y en su totalidad, sino poco a poco y por
partes; de obtener una mayor cantidad de préstamo no hay la menor esperanza,
pues ni las prendas empeñadas valen tanto. Así pues, piensa, amado hijo, qué
necesidades más urgentes te apremian respecto de las pagas de los tuyos, los
que han permanecido a tu lado o los que vienen ahora y los adictos que
permanecieron en Milán o en otros lugares de Italia; cómo puedas darles
satisfacción, de dónde y en dónde podrán sustentarse, y si entras en posesión
del reino, de dónde pueda venirte el dinero, cómo conseguirás provisiones y
delibera en todo caso sobre los demás asuntos de los que hace poco te escribí.
Y debes saber
que, si no estamos equivocados, has de cuidar ante todo de tí mismo y no debes
mantener tanta gente en Roma. Pues difícilmente podrían convivir por mucho
tiempo con los romanos sin disturbios. Hemos de confesar nuestra incapacidad y
nuestra impotencia, pues ni podemos dar consejo sobre lo antedicho ni aportar la
ayuda que desearíamos. Estamos, con todo, dispuestos a hacer lo que podamos,
esperando recibir por pura gracia, pues no lo merecemos, el auxilio de la
iluminación divina.
Finalmente, se
nos ha comunicado muy en secreto y por alguien del todo fidedigno que se están
tramando insidias más graves de las habituales contra tu vida y que las
preparan algunos, de los que no evitas la proximidad. Que el Señor, “que
disipa los planes de los iniquos“, te conserve y tú no te descuides en hacer
lo que debas en todo esto. Sobre los demás asuntos, que por medio de nuestro
querido hijo Fray Arnulfo, de la Milicia del Temple, quisiste informarnos, te
responderá más extensamente nuestro querido hijo Mateo, cardenal diácono de
la iglesia de Santa María en el Pórtico.
Dado en Perusa, a
30 de diciembre del año 1305.
BULA
Alejandro,
obispo, siervo de los siervos de Dios, al Venerable hermano Francisco, arzobispo
de Toledo, salud y bendición apostólica. Entre todo lo que el hombre mortal
puede obtener en esta vida efímera por concesión divina, lo más importante es
que, disipada la tenebrosa oscuridad de la ignorancia mediante el estudio
continuo, logre alcanzar el tesoro de la ciencia, por el cual se muestra el
camino hacia la vida buena y dichosa, se conoce la verdad, se practica la
justicia, y se iluminan las restantes virtudes, se acrecienta la condición de
toda prosperidad humana, y finalmente se administran los intereses de la iglesia
militante, y se extienden tanto la fe católica como el culto del nombre divino.
Por
consiguiente, nos inclinamos con agrado, y por tus méritos, a concederte cuanto
precises para que puedas, como deseas piadosa y loablemente, ayudar y apoyar con
los medios apropiados a los que pretenden aplicarse al estudio de las letras,
para que, de este modo, mediante el estudio, puedan tener cómodamente lo
necesario, ascender más fácilmente a la tan excelsa cumbre de la felicidad, y,
brillando como estrellas matutinas en la Iglesia de Dios con el resplandor de la
sabiduría, alumbrar a otros en el camino de la verdad.
La
petición que recientemente nos presentaste indicaba que tu, estimando en mucho
el ejercicio de la caridad, deseas ayudar muy especialmente, proporcionándoles
un apropiado sustento, a aquellos que quieren dedicarse a este estudio de las
letras, para que no se retraigan de este propósito por la pobreza que les
apremia, y deseas fundar y construir, para utilidad común y gloria del nombre
de Dios, un colegio de escolares en el que puedan funcionar facultades de Teología,
Derecho Canónico y Artes Liberales, de acuerdo con el modelo del colegio creado
en otro tiempo en la ciudad de Salamanca por Diego, arzobispo de Sevilla, de
grato recuerdo, y deseas dotarlo a perpetuidad con algunas rentas eclesiásticas
y otros frutos, rentas y productos que permitan el adecuado sustento de los
docentes en dichas facultades y de los escolares residentes en el colegio,
situado en la ciudadela de Alcalá de Henares, en la diócesis de Toledo,
perteneciente a tu mesa arzobispal, lugar famoso y muy conveniente e idóneo
para ello, con abundancia de vituallas y de aires saludables, en el que los
arzobispos de Toledo acostumbraban reunir su curia metropolitana, y en la que
hay ya creadas algunas cátedras en ciertas facultades para que algunos enseñen
en ellas.
Por
lo cual nos suplicaste humildemente que nos dignásemos concederte, con
benignidad apostólica, autorización para ello y tomar las medidas necesarias
al efecto.
Por
consiguiente, Nos, valorando muchísimo en el Señor tu propósito piadoso,
loable y muy agradable a Dios, absolviéndote, sólo a los efectos de este
escrito, de cualesquiera sentencias de excomunión, suspensión y entredicho, y
de otras sentencias, censuras y penas eclesiásticas, jurídicas y personales,
dictadas en cualquier circunstancia y por cualquier causa, si de alguna manera
has incurrido en ellas, y dándote por absuelto, persuadidos por tus súplicas,
te concedemos, por la autoridad apostólica y de acuerdo con el tenor de este
documento, libre y omnímoda facultad para erigir y dotar decentemente, con
nuestra autoridad, en dicha ciudadela un colegio para el número de escolares
que a tu parecer sea adecuado, en el que se puedan enseñar libre y lícitamente
las facultades antedichas como se enseñan en la universidad de Salamanca y en
la de Valladolid, de la diócesis de Palencia, y en las universidades de
cualesquiera otros estudios generales.
Te
autorizamos igualmente a construir y dotar en dicho colegio una capilla con un
adecuado número de capellanes, en la que se celebren misas y otros oficios
divinos, dejando siempre a salvo el derecho de las iglesias parroquiales y
cualquier otro derecho existente. Te concedemos autorización para crear en los
dichos colegio y facultades algunas cátedras en el número y modo que tu
ordenes, también a semejanza del colegio fundado en la ciudad de Salamanca, y
para declarar y ordenar por quiénes y cómo ha de regirse el colegio, qué
personas deben ser recibidas en él como estudiantes y en qué facultades, y quién
deberá presentarlos, recibirlos y admitirlos, quiénes serán sus patronos , y
cuáles son las obligaciones que habrán de respetar tanto los estudiantes como
los capellanes nombrados para dicha capilla, y qué emolumentos y ventajas deben
tener tanto los capellanes como los que rijan las cátedras.
Te
autorizamos además a promulgar y aprobar cualesquiera otros estatutos y
ordenanzas honestos y no contrarios a los sagrados cánones sobre el colegio, la
capilla, las cátedras y los frutos, rentas e ingresos, y otros bienes del
colegio, sobre los regentes y profesores, escolares, capellanes y familiares que
habrán de ser recibidos en el colegio, sobre su recepción y admisión, y
finalmente sobre todo lo concerniente a la sana dirección y buen gobierno de
los mismos, del colegio y de la capilla.
Nos,
pues, si, como se ha dicho, sucediera que llevases a cabo esta fundación, por
la autoridad antedicha, como gracia especial, y de acuerdo con el tenor de este
documento, concedemos al nuevo colegio, a su rector y a todos y cada uno de sus
profesores, escolares, capellanes, servidores y familiares, que puedan usar,
poseer y gozar libre y lícitamente de todos y cada uno de los privilegios,
libertades, inmunidades, exenciones, favores, gracias, prerrogativas,
concesiones e indultos, de que gozan los colegios fundados por el arzobispo
Diego en Salamanca, y por el cardenal Gil, obispo de Santa Sabina, de grato
recuerdo, en la ciudad de Bolonia, y cualesquiera otros colegios de escolares,
así como los que usan, poseen y gozan, y puedan usar poseer y gozar en el
futuro, los profesores y escolares de los citados colegios de Salamanca y
Valladolid y de otros estudios generales, sin que sean obstáculo los estatutos
constituciones y ordenanzas apostólicas y cualesquiera otros que puedan
oponerse.
A
nadie le sea lícito infringir o ir temerariamente contra el texto de esta
nuestra absolución, concesión e indulto; y si alguien se atreviera a
intentarlo, sepa que incurrirá en la cólera de Dios todopoderoso y de los apóstoles
Pedro y Pablo.
Dado en Roma, en San Pedro, el año de la encarnación de Señor de mil cuatrocientos noventa y nueve, el 13 de abril, el año séptimo de nuestro pontificado.