Felipe du Plaissis (1201-1208)

 

No parece ser nuestro maestre Felipe hombre que proviniera de familia acomodada. De él solo sabemos que nació en Anjou, y que ingresó en el Templo en el año 1189.

Lo único que tenemos para darnos cuenta de que era poseedor de una fe inquebrantable y de un ardor cristiano fuera de lo común, dones estos por los cuales los Hermanos decidieran elevarlo a la dignidad de Maestre, es una carta escrita por su madre dirigida a una amiga. La epístola carece de fecha. Es la siguiente:

Section de lettres. Fichier ecclésiastique de la cathédrale de Notre Dame. Armoire, 12; Livre, 5; fólio, 34.

Mi hijo Philippe, a quien amo de todo corazón, arrastrado por una vocación irresistible ha ingresado en la Orden de los del Templo. No sabes hasta que punto me parece envidiable el ardor y sinceridad de su fe. Pues, aun a los ojos de los más incrédulos, su sacrificio ha sido envidiable.

         No solamente acepta en toda su severidad la regla impuesta a estos soldados que hacen profesión a la vez de monjes, sino que, además, ha tenido que renunciar a su país y a todo lo que ama, sin esperar nada a cambio.

         Se ha ido a vivir para siempre a climas funestos, entre pueblos bárbaros y crueles. Se presenta a ellos solo, sin más escolta que su ángel de la guarda y sus nuevos Hermanos. Armado únicamente con la espada de la fe en una mano y el Evangelio en la otra.

         El espíritu de guerra y el odio hacia los cristianos es el estado normal de esos desgraciados.

         ¡Cuántos peligros para este hijo mío lleno de dulzura, que lo único que podrá hacer es defenderse contra las terribles armas que a cada paso levantarán sobre su frente!

         Pero, ya ha hecho el sacrificio de su vida. Está resignado a los suplicios y a la muerte. Es más, y esto es muy doloroso de referir para una madre, espera esa muerte gloriosa y la acepta en nombre de Dios, convencido de que la sangre del mártir fecunda una tierra impía aún más que el agua del bautismo.

         Yo Colette, te escribo a ti Jolie, porque sé que nadie mejor que tú, que ya has perdido un hijo en tierras lejanas, sabrás hasta qué punto arde el dolor dentro de mi corazón.