Título copiado
de una oración judía que se encuentra en el
TALMUD, libro sagrado de la religión judía donde se puede
encontrar la codificación del derecho hebraico que contiene los preceptos de la
tradición rabínica, primero por transferencia oral, y más tarde por transmisión
escrita. La oración expresa lo siguiente: "Alabado seas por no haberme hecho
gentil, alabado seas por no haberme hecho
esclavo, y alabado seas por no haberme hecho mujer"(1).
El otro día, una conocida dirigente feminista, me dijo que no había
comprado ni leído mi último libro: «Alabado
seas por no haberme hecho mujer», precisamente por el título que lleva. Yo
me quedé sorprendido y extrañado, porque siempre he creído que al escritor
hay que juzgarlo por los argumentos que plasma en sus obras y no por los títulos
que a ellas otorga. De todas maneras, soy tan razonable en estos asuntos que
incluso puedo admitir que el título no haya sido muy apropiado, pero también
hemos de reconocer que no soy tampoco el primer escritor que bautiza su trabajo
con una cita que es el colmo de la intolerancia religiosa y con la que él no
comulga.
Una vez superada mi perplejidad, y como simple curiosidad personal, le pregunté:
«Si este libro en vez de estar firmado por un hombre, estuviera firmado por una
mujer, ¿lo hubieras comprado o leído?» Y ella me contestó sin titubear: «Sí,
porque entonces estaría libre de sospechas». Me di cuenta entonces que esta
señora no hubiera comprado ni leído mi libro aunque hubiese llevado el título
más apropiado del mundo, porque la desconfianza de la obra no estaba en un
título que revelaba a todas luces el descrédito que la mujer ostenta en una de
las religiones más divulgadas del mundo; estaba en la firma del autor: era un
hombre.
Últimamente, y gracias a la publicación de este libro, he sido invitado
a muchas asociaciones y centros de la Mujer de toda la geografía española con
el fin de celebrar alguna charla o coloquio. Y he podido comprobar que hay
ciertas mujeres que en vez de abogar por la igualdad hombre-mujer, mujer-hombre,
quieren mantener a los dos sexos separados y en continua guerra. Para estas
amazonas todo hombre es un enemigo que hay que derrotar, y no podemos ser dignos
de su confianza porque ninguno de nosotros estamos libres de sospechas... Ellas
sabrán por qué... Pero he de decirles a estas señoras para que lo sepan, que
el mundo de la mujer se entrecruza con el mundo del hombre y viceversa. Mi mundo
no es sólo masculino, también es femenino. Tengo hijos, tengo hija, tengo
nietos y tengo nieta, y allí donde alguno de ellos sufra agravio o desigualdad estaré yo
siempre para defenderlos o defenderlas. Y como con el amor familiar no se juega,
creo que estoy absolutamente libre de sospechas.
Sigo creyendo firmemente que mujer-hombre, hombre-mujer, han de
solucionar conjuntamente éste o cualquier otro antagonismo que incumba a la
convivencia humana o huela a desigualdad para uno u otro sexo. Y así parece que
lo han interiorizado y comprendido todas aquellas personas que sí han comprado
o leído este libro sin excomulgarlo de antemano por el título que lleva. El día
9 de julio de este mismo año, en la sección de «Cartas al Director» del
diario «La Verdad» de Murcia, un lector escribió una carta que titulaba «Alabado
seas...» El que firmaba la epístola decía, entre otras muchas cosas: «...Por
el buen sabor de boca que este libro ha dejado en mí, quiero aprovechar la
oportunidad que este diario me brinda, para decir que alabado sea el autor de
este libro por haber tenido la honestidad de presentar al hombre y a la mujer
como criaturas conjuntas que fueron creadas para solucionar armónicamente todos
y cada uno de sus múltiples problemas, y no como individuos condenados a vestir
diferentes uniformes y a militar en distintos ejércitos, que forzosamente han
de vivir separados en sus discrepantes cuarteles y en continua guerra».
(1).
Esta oración ha sido rectificada gracias a la aclaración que nos ha enviado
Dorit Casarotti, que vive en la ciudad de Tiberias
(Israel). Antes la oración decía: "Alabado seas por no haberme hecho
gentil, alabado seas por no haberme hecho mujer, y alabado seas por no haberme
hecho ignorante". Gracias Dorit.